Padre Misericordioso

Tejer la red cuando el silencio pesa: el espacio que abraza a las familias en la Iglesia Buen Pastor

Entre mates, charlas y testimonios de vida, un grupo de madres y padres se reúne para encontrar contención, trazar límites desde el amor y recordar que nadie se salva solo. 

Todos los martes a las 18 hs el salón San José de la Iglesia Buen Pastor se convierte en un lugar de encuentro y contención de los familiares de personas que están atravesando situaciones de consumo.  El Grupo para Familiares es coordinado  por Camila y Gabi, quienes abren las puertas del espacio para recibir a todos aquellos que no saben qué hacer, cómo accionar, ni con quien hablar y necesitan alguien  con quien compartirlo. Uno de los fines del grupo es “abrazar a cada uno que llega y armar una red de contención”. 

Cami y Gabi, las dos profesionales que acomopañan al grupo y trabajan por formar la rede de contención.

Con una rica merienda y mates de por medio el grupo busca ser un lugar seguro para que cada uno pueda desahogarse, expresarse y escuchar las vivencias de los demás generando la red. Marta, una de las mujeres que asiste al grupo hace 4 años, rescató que gracias al grupo ella aprendió a tener fuerza y valor frente a la problemática.

No hay un momento perfecto o indicado para cruzar la puerta; solo hace falta el impulso de llegar. Las historias que habitan el grupo conmueven por su honestidad. Así lo refleja el testimonio de Lili, mamá de un joven en situación de consumo, quien recuerda que la primera vez  después de asistir al grupo, volvió a su casa enfurecida. En ese primer encuentro se chocó con la difícil tarea de marcar límites, le dijeron que no tenía que garantizarle la comida a un hijo adulto. “¿Cómo no le voy a dar de comer siendo su mamá?”, se preguntó durante toda una semana. Sin embargo, al martes siguiente regresó comprendiendo la lección: entender que su hijo es un adulto capaz de hacerse cargo de sus decisiones también era una forma de cuidarlo. Con el tiempo, Lili aprendió a trazar sus propios límites, protegiéndose a sí misma y a su entorno. Hoy reconoce que, ante la pregunta de cómo hace para sostenerse día a día, su respuesta es clara: su primer sostén es Dios y luego, el Grupo para Familiares. 

La idea del grupo no es aconsejar acerca de lo que uno hace bien o mal, sino adquirir herramientas que ayuden a hacerse más fuertes y tomar decisiones desde otro lugar. A otra de las madres que empezó a asistir a los encuentros algunas semanas atrás, una de las razones que la llevó al grupo fue el hecho de no saber qué hacer cuando su hijo termine el tratamiento, a qué atenerse y cómo ponerle límites. Ahora, cada martes, va escuchando y aprendiendo para saber cómo actuar frente a las situaciones que la están preocupando. 

Aunque la mayoría de los rostros en la ronda son de madres, las voces masculinas también reclaman su lugar. Oscar, uno de los integrantes del grupo contó su testimonio e invitó también a los padres: “Es muy importante que los papás también se acerquen y puedan hablar del tema.” En su caso, apenas llegó no sabía ni cómo era el tratamiento. Hoy, gracias al sostén colectivo, aprendió a mantener a su familia unida y a acompañar a su hijo. Para él, la contención es fundamental, pero el verdadero cambio empieza cuando la empatía se transforma en acción. 

Las puertas del Grupo para Familiares están abiertas todos los martes a las 18 en Buen Pastor, Galvez 771, para todos aquellos que tengan ganas de no sentirse solos en su proceso de acompañar a un ser querido en situación de consumo. 

 

Cobertura realizada por Inés Fabbri y Guillermina Giuliano

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