Padre Misericordioso

“Ser comunidad salva vidas”: una jornada para hablar de prevención y construir redes en Rosario

Organizaciones sociales, referentes comunitarios y representantes del Ministerio de Salud participaron este miércoles 10 de septiembre de una jornada de prevención del suicidio en la Plaza del Che. A través de una dinámica grupal, el intercambio de experiencias y un espacio de reflexión colectiva, el encuentro buscó poner en común herramientas para acompañar y construir redes de cuidado.

Desde las 15 horas del pasado 10 de septiembre, Día Mundial de la Prevención del Suicidio, la Plaza del Che se convirtió en un espacio de encuentro para hablar de una problemática que muchas veces permanece en silencio. La jornada reunió a integrantes de nuestra comunidad Padre Misericordioso, Asociación Civil Madres Territoriales, Vientos de Libertad, Casa Esquina Libertad y Casa Pueblo, junto con representantes del Ministerio de Salud de la Provincia de Santa Fe.

La actividad, organizada por el Foro de Adicciones Rosario, tuvo como eje la consigna “Ser comunidad salva vidas” y propuso abordar la prevención desde el diálogo, la participación y el trabajo colectivo.

Durante la apertura, Irinia Gaggioli, referente de la Comunidad Padre Misericordioso, puso el foco en el lugar que ocupan estos espacios en la construcción de salud mental: “Hoy todos los que estamos acá estamos en espacios comunitarios, construimos desde comunidades, nuestras instituciones, dispositivos y sobre todo construimos salud mental”.

La frase permitió introducir uno de los ejes que atravesó la tarde: la prevención no como una tarea aislada, sino como una construcción que también ocurre en los espacios comunitarios y en los vínculos cotidianos.

Mitos, preguntas y reflexiones

Uno de los principales momentos de la jornada estuvo coordinado por Silvina Ojeda, coordinadora del Nodo Rosario de Salud Mental de la provincia de Santa Fe.

Los participantes se organizaron en ocho grupos de trabajo y recibieron tarjetas con distintas afirmaciones vinculadas al suicidio para debatir si se trataba de mitos o realidades.

Una de ellas planteaba: “Hablar lo provoca”. Frente a este mito, el material proponía reflexionar sobre la importancia de conversar y generar un espacio de confianza para una persona que está sufriendo. Otra de las tarjetas planteaba: “Si dice que se va a suicidar es para llamar la atención”, frente a lo cual se trabajó sobre la necesidad de tomar en serio las expresiones de sufrimiento y prestar atención a posibles señales.

También se abordaron otras creencias, como que el suicidio sucede “sin aviso” o que una persona que realizó un intento necesariamente volverá a hacerlo. La actividad permitió poner en discusión estas ideas y pensar formas concretas de acompañamiento. Después de conversar en cada grupo, los participantes plasmaron sus reflexiones en afiches y realizaron una puesta en común frente al resto.

“Nos encontramos con una invitación de muchas organizaciones sociales para trabajar prevención en suicidio. Hoy estamos trabajando mitos y realidades con los grupos y nos parece importante que tengamos este mensaje: todos podemos hacer algo para prevenir”, explicó Silvina.

 

Cuando la conversación se volvió experiencia

La puesta en común no quedó limitada a las respuestas de los miembros de las organizaciones. Durante ese momento, personas autoconvocadas tomaron la palabra para compartir experiencias vinculadas a intentos de suicidio y a la pérdida de familiares.

El clima de la jornada cambió. Las intervenciones estuvieron atravesadas por distintas emociones y llevaron la conversación desde los mitos y las afirmaciones de las tarjetas hacia experiencias concretas de personas que decidieron compartir sus historias.

Ese momento permitió dimensionar el sentido de generar espacios comunitarios para hablar de prevención: no solamente para transmitir información, sino también para que quienes atraviesan o atravesaron situaciones de sufrimiento puedan encontrar un lugar donde ser escuchados.

Para Valeria, integrante de Padre Misericordioso, el encuentro fue fundamental “para poder acompañar y dar a conocer esta realidad de un tema que no se habla mucho y aprender cómo acompañar a las personas en esta situación”.

Desde Madres Territoriales, Francisco también destacó el papel de las organizaciones y asociaciones civiles que trabajan frente a distintas problemáticas desde los territorios: “Son un cimiento muy importante para esta lucha”.

El referente resaltó el tiempo, la voluntad, la dedicación y el compromiso de quienes sostienen cotidianamente estos espacios comunitarios. En la misma línea, Nahir, integrante de Madres Territoriales, remarcó la importancia de poder pedir ayuda y de no atravesar estas situaciones en soledad.

Una red que sostiene

El cierre de la jornada retomó de manera simbólica una de las ideas que había atravesado el encuentro: la comunidad como red de sostén.

Una red extendida y cintas amarillas se convirtieron en los elementos centrales de este último momento. Después de una tarde marcada por el intercambio, las reflexiones y también por testimonios atravesados por experiencias de dolor, se propuso un espacio de silencio y reflexión.

Las cintas amarillas, que habían acompañado la actividad desde el inicio, fueron colocadas finalmente sobre la red como signos de memoria, esperanza y vida.

El gesto colectivo permitió representar aquello que había aparecido durante las conversaciones: nadie tiene por qué atravesar una situación de sufrimiento en soledad y pedir ayuda también forma parte del cuidado.

Así, el cierre recuperó el sentido de toda la propuesta: construir comunidades capaces de escuchar sin juzgar, acercarse sin invadir, acompañar y buscar ayuda cuando sea necesario.

La jornada concluyó con una invitación que sintetizó el mensaje compartido durante la tarde: “Nadie se salva solo. Somos comunidad. Somos red. Elegimos sostener la vida.”

Cobertura a cargo de Eduardo Toepke

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